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lunes, marzo 22, 2004

Ring, ring

Cuando por fin me recuperé de un terrible dolor de estómago producido por una sobredosis de Sugus con los que acompañé una película malísima, Beloved me mandó a la ducha: tenemos un cumpleaños, hoy salimos por el ambiente.

Hay quien dice que no tiene sentido salir con novia por el ambiente, que Chueca sólo sirve para ligar. Eso es una leyenda urbana, yo en Chueca sólo he ligado una vez y fue tan terrible que sólo me sirvió para alimentar la verdadera utilidad que tiene el ambiente para mí: la anécdota visual: “hostia, ¿ves esa de rojo? ¡Con ESO me lié yo una vez!”

Anoche tuve muchas de esas anécdotas visuales. La que más me gustó fue una cuya protagonista era una chica con cara de mala leche que sostenía una copa a unos metros de nosotras y miraba de soslayo nuestra narradora, que nos contaba que cuando a la novia de la protagonista le concedieron una beca Erasmus a la capital de un país centroeuropeo, protagonista y novia lloraron abrazadas y se juraron que seguirían juntas a pesar de la distancia y se escribirían e-mails diarios. ¿Me esperarás? Siempre, amor mío.

Al cabo de dos meses, la estudiante europea había hecho lo que todo Erasmus que se precie: llorar dos días por su novia, hacer nuevos amigos, disfrutar de su vida nueva lejos de casa, emborracharse y liarse con otra. Decidió entonces coger un vuelo a Madrid para ver a su novia y aclarar sus ideas cuando la tuviera cara a cara. La fecha de su cumpleaños le daba la excusa perfecta para hacer una escapada de fin de semana, conflictiva de por sí y peliculera por la emoción de no contarle nada a sus padre.

Tras la celebración, protagonista y estudiante tuvieron una amarga conversación en la que ésta le explicó, maquillando las palabras, que no tenía nada que hacer al lado de una belleza centroeuropea que la esperaba a dos horas de vuelo. ¿Cómo amigas? Mira, para hacer amigas ya me voy a un campamento.

De camino al aeropuerto para coger su vuelo de regreso, no tenía claro si se sentía más culpable que aliviada o viceversa. No le duró mucho: cuando se acercó a facturar el equipaje y encontró a sus padres esperando con cara de “te vas a cagar” supo que el sentimiento que más fuerza tenía era el acojone.

La protagonista, que sabía que los padres no tenían ni idea de que su niña había vuelto a Madrid, había tenido la feliz ocurrencia de llamarlos por teléfono para consultarles inocentemente a qué hora salía el vuelo de su hija.

-¿Un vuelo? Pero si mi hija no está en Madrid.
-Sí que está, lo sé porque soy su novia. Bueno, su ex-novia, porque me dejó ayer por una zorra que ha conocido allí.

No me contaron si finalmente cogió ese avión o lo dejó salir para tener tiempo para una pequeña charla con sus padres. Sólo que es una familia que no suele tener claro qué sentimiento es el más fuerte: ¿ me cabrea más haberme enterado por una llamada anónima de que mi hija es una mentirosa o de que es bollera?

Lady404. 12:26 a. m. Enlace a este post



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