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lunes, febrero 02, 2004

He vuelto

Si me despido de una amiga el viernes por la mañana, el sábado podemos hablar durante horas sobre todo lo que ocurrió la tarde anterior. Si no la veo en un mes, entonces ya no hay mucho que contar. Paradójico.

Me voy a obligar, por tanto, a escoger un episodio al azar de mi vida en Dublín, creo que el más insípido de todos. Lo demás ya irá saliendo en entradas venideras. O no.

Saraya me acogió en su piso en pleno centro de Dublín. Quizás esto sea algo pretencioso, al considerar que Dublín es tan pequeño que lo que no es centro, básicamente no es Dublín. Comparte piso con la Ingeniosa Periodista y con 2 gays que llevaban 9 años de vida marital hasta que decidieron dejarlo el día que yo llegué a la casa. Es una experiencia enriquecedora que recomiendo a todo el mundo: disfrutar de una agradable comida escuchando los comentarios mordaces con que se bombardea una reciente ex-pareja que sigue durmiendo en la misma cama.

Vivíamos en amor y compañía hasta que Saraya hizo un pequeño comentario, aparentemente inocente: "tengo que comprarme una lamparita para mi mesilla". Cualquiera que me conozca un poco sabe que tengo un ligero defecto, unos lo llaman iniciativa, yo lo llamo mi arrogancia del quiero-y-no-puedo: "si existen las lámparas es porque alguien las hace. Si existe una sola persona en el mundo que sabe hacer lámparas, seguro que yo también sabré hacer una"

Me planté en la ferretería de la esquina y adquirí 3 metros de cable, un enchufe, un interruptor y esa cosa donde se pone la bombilla, que por alguna afortunada y misteriosa razón, sé cómo se llama en inglés. Pelé, corté y empalmé los cables con el cuchillo de la cocina y cuando la pobre Saraya llegó? a casa, me encontró? sonriendo al lado de un engendro con luz, diciéndole orgullosa "te he fabricado una lámpara". Tardó en darse cuenta de que aquel bote forrado con servilletas de papel rojas del que sobresalía una bombilla ridícula era la lámpara a la que yo me refería.

-Este... ¡qué bonita! ?Gracias! - dijo forzando una sonrisa - Aunque hay algo que no pillo...¡Por qué tiene garbanzos dentro?
-Es que es una botella de plástico cortada (la primera la hice con una lata de coca-cola pero al ser de metal me daba apuro electrocutarte), y necesitaba ponerle un peso... los garbanzos me pillaban a mano, pero como quedaba un poco fea la he forrado con servilletas... ¿¿a que mola?? ¡la bombilla es de las buenas, que no deslumbra!

A partir de ese día, lo primero que hacia al levantarme de la cama era clavarme en el pie algún garbanzo que se había caído de la lámpara. Los garbanzos rodaban por toda la casa y los compañeros de piso me miraban de soslayo cada vez que sacaban uno de un rincón. El ?último día (justo después de mi cumpleaños, ya sabéis mi email para enviarme los regalos) estaba jugueteando con la lámpara mientras hablaba con mi madre. Al darme la noticia de que a mi padre le han ofrecido un trabajo jugoso en Alicante y que están pensando abandonarme en Madrid, se me cayeron todos los garbanzos del susto.

En el tiempo que tardé en sacar los que se habían atrincherado debajo de las camas, pensé que quizás no sea tan malo del todo ser mayor... Y en eso estoy.


Lady404. 3:01 a. m. Enlace a este post



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