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miércoles, diciembre 10, 2003

Robinsones urbanos
No sabéis lo dificil que es publicar desde un ordenador sin conexión a Internet. Se ha ido, de pronto, sin avisar, y es que mi casa es el mejor ejemplo de "en casa del herrero":

Mi padre es como el del anuncio, que lo arregla todo, todo y todo, y además es un amante de la tecnología. Esta es una combinación catastrófica: siempre somos los primeros en tener el aparato más novedoso (en su día, el vídeo, microondas, PC...) pero cuando los cacharros se estropean mi padre los arregla de tal manera que duran eternamente, así que el microondas es jurásico, nuestros PCs están siempre abiertos y con trozos añadidos y el vídeo es vertical y se abre la caja para meter la cinta, como en los cassettes. No graba desde hace 10 años.

Tenemos también una centralita para llamarnos por teléfono de habitación en habitación, que compramos el día en que salió al mercado. Para instalarla, hubo que consultar los planos de la casa e ir metiendo cable de teléfono por los conductos del aire acondicionado. Todo esto lo hicimos nosotros, por supuesto, y nos llevó tanto tiempo que cuando le pedí a mi padre que me pusiera una conexión al router para el PC de mi habitación se negó a repetir la maniobra. Aquí está la gran paradoja del herrero: no se puede llamar a un profesional porque mi padre sabe hacerlo, pero no lo hace porque es un coñazo. Así que desde el sótano, donde está el router, sale un cable coaxial por la ventana, atraviesa el jardín, da la vuelta entera a la casa y se empalma con otro que entra por mi ventana, en el segundo piso. Entra un frío que pela por la rendija, pero en lugar de hacer un agujero con un taladro, me he contentado con sellarla con celo, así que la ventana ya no se puede abrir.

El caso es que ha debido de entrar agua en el empalme, o quizás un pájaro se ha comido parte del cable, pero la conexión casera se ha estropeado al cabo de unos meses. Lo peor no es no tener Internet, sino la sesión didáctica de "Do it yourself" que me espera este fin de semana sobre cables coaxiales y redes. Mi padre está empeñado, desde nuestra más tierna infancia, en que mi hermano y yo seamos una especie de Robinsones urbanos. Para que un coche vaya al taller le tiene que pasar algo terrible, y antes de tomar esta decisión hay que investigar a fondo el motor escuchando una monótona lección sobre delcos y catalizadores.

Cuando era pequeña y no existían los chats, me dio por las emisoras de radioaficionado. Mi padre, por supuesto, tenía varias prehistóricas que fueron desguazadas y combinadas en una sola que funcionase. La antena no se podía comprar: la fabricamos con el tubo de aluminio de un limpiafondos de piscina, mientras me instruía sobre el funcionamiento de las ondas de radio. Seguramente yo he sido la única niña a la que han puesto a jugar con un osciloscopio: ¡mira qué divertido, tu hablas y aquí salen las ondas de tu voz! o a hacer cohetes que volaran de verdad. No era la primera vez, cuando mi hermano tuvo edad de dejar el chupete, mi padre construyó un globo aerostático de varios metros de alto, pusieron en su cestita el chupete y lo echaron a volar, para hacerle una gran despedida. (Si vuestra casa se incendió por la llama de un globo casero descontrolado, pensad que era para hacer feliz a un niño)

Nunca nos prohibió enredar con los aparatos, así que cuando mis amigos venían a casa, los apilábamos todos y construíamos naves espaciales que tenían luces y pitaban. Cuando los amigos crecieron, empezaron a darse cuenta de que todos esos aparatos eran un poco raros y circuló el rumor de que mi padre era como el de Maniac Mansion y ya nadie quería venir a casa. Ahora intento simplemente que mis nuevos amigos no bajen al sótano y cuando preguntan por qué en lugar de cuadros tenemos fotos de satélites simplemente digo "es que trabajaba en la NASA". (es verídico, por otro lado).

Cris un día me llamó McGyver sólo porque le arreglé un ratón con un trozo de un boli Bic. A mí me resulta de lo más natural que cuando algo se estropea, se abre y se arregla. Hace un par de días me empeñé en cambiar un enchufe que no funcionaba en casa de Beloved, que me miraba atónita: "déjalo, que llamo a un electricista". Qué queréis, vivo en una casa en las etiquetas de las cajas del garaje, en lugar de poner "botas de esquí" y "bolas de Navidad", pone cosas como"vávulas de emisión y recepción" "cables multiconductor y planos" y "circuitos integrados".

Lady404. 5:57 p. m. Enlace a este post



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