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martes, diciembre 02, 2003

Mi entrada cínica

Hay dos tipos de personas: las agresivas y las rencorosas. Las personas agresivas son aquellas que, sin razón, te lanzan una piedra. Yo soy de las otras, de las que nunca ataca la primera, pero si me atacan a mí guardo sus piedras y las suelto todas juntas al cabo del tiempo.

Dentro de los rencorosos, los hombres tienden a la venganza espectacular, quieren que el otro les mire a la cara cuando está sufriendo la venganza, les gusta ver sus ojos de pánico y sonreir triunfales mientras se hunde con la certeza de que es él quien está provocando la situación: mírame, soy yo quien te está haciendo esto, cabrón.

Las mujeres vengativas nos caracterizamos por la paciencia y el anonimato. Si alguien nos agrede sin razón, podemos guardar el rencor aletargado durante años, en silencio, esperando al momento propicio. Además, las mujeres buscamos el sufrimiento del agresor, pero preferimos que no sepa que somos nosotras las culpables. Estos dos factores juntos son una bomba de relojería: las venganzas llegan al cabo de años, fuera de contexto, y nadie, ni siquiera el agresor, puede imaginar que esa mujer de aspecto tan angelical es la que le está haciendo "eso".

La venganza descontextualizada es un noble arte que requiere inteligencia, paciencia y mucha planificación. Muchas veces tiene la pega de que la mujer no puede disfrutar del espectáculo, porque es posible que ya ni siquiera tenga relación con el agresor. Una vez efectuada la venganza, una debe ser extremadamente cautelosa y vencer las ganas de acercarse al agresor o a su entorno para regocijarse, y también ha de ser consciente de que el secretismo es un pilar fundamental del éxito: una venganza perfecta puede ser extremadamente peligrosa si la verdad llega a oidos del implicado.

Sólo me he vengado con saña una vez en mi vida. Por motivos obvios, no puedo contar lo que hice ni por qué, pero sí os diré sin pudor que me quedé genial. Podréis citarme a grandes autores que dicen que "vengándose, uno se iguala a su enemigo; perdonándolo, se muestra superior a él" o que "el olvido es la mejor venganza". Pues qué queréis que os diga, a mí me sentó estupendamente. Mi venganza llegó al interesado cuando hacía más de 5 años que no lo veía. Por ello, no pude ver el resultado, pero mi imaginación (y la de las dos amigas que me acompañaron) hizo el resto. Contuve mis ganas de acercarme al lugar de los hechos, mantengo celosamente el secreto y aún me río cada vez que me lo imagino viendo la que se le veía encima y haciendo cábalas sobre quién podría hacerle algo semejante. Estoy segura de que ni se le ocurrió pensar en mí en su lista de sospechosos: un conocido con el que se lleva fatal, un amigo con el que discutió la semana anterior, alguna ex-novia... De hecho, la putada en sí no era demasiado grande, lo realmente gratificante era imaginarlo paranoico, preguntándose quién y por qué.

En fin, la conclusión es que el rencor es un sentimiento que puede resultar de lo más gratificante si una es capaz de guardarlo sin pensar mucho en él pero sin olvidarlo del todo, que un día llegará el momento propicio. Y que si un día os dáis cuenta de que alguien os está haciendo una putada anónima, echad la vista atrás... seguro que en alguna parte del pasado remoto hay una mujer inteligente, paciente y planificadora que ahora mismo se está meando de risa. Seguro que se lo merece.

Lady404. 3:07 a. m. Enlace a este post



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