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lunes, diciembre 22, 2003

Complicidades que negaré

Dicen que no se puede criticar algo que no has probado nunca. Por eso, antes de decirte lo cabrón que eres, voy a probar a ser como tú. Quizás no sea un cambio tan malo, a ti parece gustarte: siempre pones esa sonrisa cuando te escuchas alabarte a tí mismo. Hoy voy a creerme más lista que nadie, a mirar por encima del hombro, ¡que todos se den cuenta de lo mucho que valgo!. Pasaré por encima de ti, de esa, de aquel, y me compraré unas botas tres tallas más grandes, para poder tener más tierra bajo mis pies a cada paso. Unas botas de payaso. Como las tuyas.

Tú has sido mi mentor, y yo la alumna aplicada que sigue tus pasos: seduciré con sonrisas y encantaré con palabras. Sí, eres un mago de la retórica, único en el arte de escupir insultos disfrazados de lisonja. Manipulador, con tu mala leche oculta tras esos ademanes de cortesía, eres tan educado... siempre saludas por el nombre, tú siempre has recordado esos datos. A veces pienso que en el fondo tienes razón, que eres más listo que nadie... de otra manera, no sería posible que consigas tener a tantos engañados. Y esa facilidad que tienes para reemplazar a los que abren los ojos por otros aún ciegos...

Hombre, no, que ya son muchos años, que yo te conozco, y tú sabes que yo te conozco. Aunque eso no es lo que realmente te aterra, sino la certeza de que no me impresiona tu charlatenería. Pero a tí sí te da miedo la mía, ¿no es cierto? Debería darte miedo, mira lo que he montado con un par de susurros. Y si nunca lo hice antes, fue simplemente por pereza, ya lo sabes tú, que no eres tan importante.

Tienes todas las técnicas. Ahora las he aprendido yo también, te he observado de cerca y espero tener pronto ocasión para emplear una de mis preferidas, ¿sabes a cuál me refiero? Sí, hombre, cuando te sabes tan ingenioso que utilizas tu agudeza para humillar a alguien. Y entonces eres tan gracioso, y todos nos reímos tanto, mientras que el pobre no puede responder porque no tiene tu rapidez, pero tampoco puede mostrar su enfado porque no era más que una broma. Ser ingenioso o rápido no son, en el fondo, cualidades más importantes que ser alto o bajo, pero a veces son tan útiles para atacar, ¿no es cierto? Te permiten hacer daño intencionadamente y que todos te consideren de lo más ocurrente y divertido. Todos menos uno, a ese se le distingue porque es el que vuelve a casa a paso rápido, rumiando respuestas "le tenía que haber dicho que...". Por listo.

Seré como tú: tan lista, tan repelente, tan falsa. Probaré un par de días, a ver si me gusta, y si es así te sonreiré y seré encantadora contigo, para luego adoctrinar a los demás y desprestigiarte a tus espaldas. Y si no me gusta, entonces ya podré criticarte a la cara, nadie podrá acusarme de juzgar algo que no conozco.

Lo curioso es que entre enemigos se crea una complicidad que ambos negarían. A veces también a mí me resulta cansino, pero reconoce que todo esto no te resultaría ni la mitad de divertido si no estuviera yo ahí, hablando tu misma lengua en la que cada frase tiene tres lecturas y cada palabra mil matices. No, desde luego, no pretendo frivolizar sobre esto, sé que es muy serio. Para mí también lo es, aunque en un plano diferente. Al contrario que tú, lo que yo me juego no se puede tocar.

Lady404. 7:00 a. m. Enlace a este post



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