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miércoles, noviembre 26, 2003

Mi madre y la moda adolescente

Ante la polémica decisión de las autoridades educativas francesas de prohibir que sus alumnas enseñen el tanga en clase porque los chicos de la fila de detrás se revolucionan, mi madre opina que habría sido mejor dejarlo correr. "Total, los chicos se revolucionan haya tanga a la vista o no. Quizás algo menos en invierno porque tienen las hormonas aletargadas, pero con la primavera lo mismo da que las niñas vayan en pelotas o vestidas de monja", dice.

La medida, dice ella, es innecesaria porque un "profesor pata negra", como ella se denomina a sí misma y a cualquiera que haya dado clase durante unos 20 años, sabe que las modas adolescentes son tan exageradas como fugaces. Estamos comiendo en un mexicano, quizás demasiado caro para lo que realmente es, mientras me hace un repaso de las modas que ha visto correr año tras año en sus clases:

Recuerdo que la primera que me llamó la atención fue a principios de los 80. Las chicas iban con minifalda, medias de rejilla rotas, maquillaje chillón y el pelo cardado. Ellos llevaban con camisetas ajustadas rotas, cadenas de bicicleta por todas partes y muñequeras de pinchos, pero todo con un toque muy afeminado. Las chicas iban de putas y los chicos de maricas y macarras.

En la etapa de transición hacia la siguiente fase, las chicas suavizaron su aspecto y los chicos empezaron a ponerse pantalones de vestir y americanas raídas de su abuelo. Como los abuelos normalmente usaban 3 tallas menos, los alumnos apenas podían moverse y si alguno tenía que escribir en la pizarra, se rompía las americana por la axila.

Un buen día, enterraron las americanas y todos los chicos aparecieron vestidos con tonos pastel: pantalón de pinza y jersey de rombos con cuello de pico, cortes de pelo pulcrísimos, olían a colonia Nenuco y tanto ellas como ellos traían a clase un patuco que les debía haber hecho su madre, a modo de estuche. Ellas llevaban vaqueros pesqueros y jerseys grandes, con motivos de ositos de peluche.

Cuando dejaron de ser los hijos perfectos, se compraron en masa unos bermudas que llegaban por debajo de la rodilla, en tonos fucsias, amarillo limón, verde o azulón, con camisetas grandes de marcas deportivas o caritas sonrientes fosforitas. En invierno volvieron los vaqueros, exclusivamente azul clarito, y rotos por todas partes, incluída una buena raja en la base del culo. Todos llevaban pulseras fosforitas con 3 ó 4 chinos de la suerte.

Tras esto, llegó la época del riguroso uniforme: chicas y chicos llevaban vaquero azul que podía ser exclusivamente de 3 marcas: Charro, Pepe o Liberto, con un cinturón negro con tachuelas que tenía una hebilla gigante. Las camisetas, blancas y con la marca bien grande, a elegir entre 5, iban por dentro. Para ir más arregladas, las chicas podían optar por ponerse un body negro o de un color discreto. (Un body era una camiseta ajustada, de una especie de canalé de lycra, con cuello alto, y que se abrochaba con corchetes sobre las bragas. Bebés con vaqueros, vamos). En invierno se llevaban también unos estúpidos "pantalones cortos de invierno", especialmente en tonos granate o negro, de franela, combinados con medias negras.

Esto degeneró en la época gris, en la que se llevaba el vaquero azul y camisetas negras, con jerseys de lana grises, marrones oscuros o negros. Surgió entonces una rama que llevaban los pantalones ajustadísimos, deportivas o botas gigantes, plumas a modo de torera y los chicos se raparon el pelo.

Al tiempo, aparecieron todos los alumnos con la ropa gastada, rota y llena de mierda. Pelos semilargos y mal cortados en los chicos y las chicas lo llevaban largo y limpio, pero sin peinar. Los bajos de los pantalones iban rotos por el lateral y pisados. Chaquetas de chandal de los 80 o jerseys de lana, en tonos rojos, azules, que estaban llenos de pelotillas y tenían cuello y mangas raídos, así como manchas por todas partes. Esa fue una moda asquerosa.

Regresó entonces el color chillón a las camisetas, que volvieron a ajustarse y a estar limpias y los pantalones se ensancharon hasta 5 tallas más de la necesaria. El pantalón se ajustaba con un cinturón a medio culo, en los chicos por debajo de él. Calzoncillos y bragas se enseñaban sin pudor y al escribir en la pizarra, los pantalones se caían a menudo.

¿Que hoy se les ve el tanga? Bueno, quizás mañana se lleven las bragas de esparto, con un mono de albañil y una peineta. ¿No se llevan tacones con calentadores? Dentro de 5 años ya nadie se acordará. ¿O acaso alguno de vosotros, al poneros una cinta en el pelo que tan de moda están, la arrastráis 3 ó 4 cm. hacia delante para que quede ese tupé que tanto molaba cuando yo era pequeña?

Lady404. 5:27 p. m. Enlace a este post



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