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jueves, noviembre 06, 2003

Cuento dedicado

Con 17 años decidió la manera de saber el momento y lugar exacto en el que reconocería al amor de su vida. Inventó una clave, un gesto que el amor de su vida debería hacer para ser, en ese preciso instante, catalogado como tal:
"La primera mujer que me bese justo aquí, en el Pont Neuf, será a la que ame para siempre", decidió mirando a un Bateau Mouche que surcaban el Sena, iluminando los edificios de la orilla.

Desde entonces, todas las chicas que se enamoraron de ella albergaron la esperanza de ser la elegida para el beso del Pont Neuf. "¿Me llevarás a París, me darás a mí el beso?", decían, y ella a veces no contestaba, y otras veces decía que sí, realmente convencida, aunque siempre sabiendo que la intención del beso no era suficiente: por intensos que fueran los deseos e íntimos los susurros compartidos, todo ello no tendría validez hasta que el beso no ocurriera de verdad.

Ninguna de esas chicas la llevó al Pont Neuf, y ella y su beso siguieron esperando impacientes. Tantas veces pensaba en él que el beso se hacía casi vivido en su cabeza, y esto le molestaba profundamente porque en su imaginación ella veía, como en una foto sacada desde la orilla, a las dos figuras besándose en el puente pero en el beso real, obviamente, no podría ver la imagen en perspectiva. ¿Quizás deberíamos situarnos en el puente próximo y besarnos mirando hacia el Pont Neuf? No, claro, no sería lo mismo. ¿Y si llueve? ¿O está en obras? ¿O si llegado el momento no me concentro porque me estoy haciendo pis?

Volvió a París con 24 años, de nuevo sin amor de su vida. Lo primero que hizo al llegar fue pasear por Pont Neuf para comprobar si la postal de su imaginación habría desfigurado completamente la realidad, pero el puente estaba exactamente igual que antes. Pensó entonces que igual el secreto no era encontrar al amor y llevarlo al puente, sino esperar en el puente a que llegara el amor. Se sentó y observó nerviosa a todas las personas que cruzaban, no fuera a ser que el beso pasara de largo y ella no se diera cuenta. "¿Será esa chica? Seguro que ahora viene, me reconoce y me besa." Pero la chica apenas la miró al pasar a su lado. Ni ella, ni niguna de las que recorrieron el Pont Neuf aquel día. Cuando por fin anocheció, se despidió apenada del puente de sus sueños y regresó al hotel caminando despacio, con la cabeza baja.

Decidió que, a pesar de que seguía convencida de que esa sería la manera de reconocer a su amor verdadero, no volvería a contar a nadie la historia del beso. Hasta la fecha, el Pont Neuf sólo había acarreado decepciones y sueños rotos, así que sería un secreto. Incluso mantuvo su silencio cuando al cabo del tiempo conoció a una chica, a una maravillosa, a una chica a la que cada día tenía más ganas de besar en el puente. Una tarde, sin poder aguantarlo más, le preguntó inocentemente, sin desvelarle el verdadero simbolismo: "¿algún día me llevarás al Pont Neuf y me darás un beso?". La chica sonrió y contestó "claro que sí... vaya, esto te va a parecer muy tonto, pero fui a París hace muchos años y cuando estuve sobre uno de los puentes, mirando al río, pensé que la próxima vez que me encontrara allí, sería con el amor de mi vida".

Cabe esperar que ambas pensaran en el destino, y que viajaran inmediatamente a París y el beso del Pont Neuf fuera intensísimo, perfecto, como con un gran espectáculo pirotécnico, música de película y hasta títulos de crédito, y que las dos sentirían de la misma manera que se habían encontrado, que estaban hechas la una para la otra. Pues bien, la realidad fue muy distinta porque la coincidencia, el hecho de que no fuera un sueño exclusivo, había roto la fantasía: ambas supieron que ya no sentirían por primera vez la certeza del amor verdadero en el puente, que el mágico beso del Pont Neuf ya no sería distinto y especial: a partir de ese momento, en todos y cada uno de sus besos, las dos piensan "definitivamente, esta es la mujer a la que amaré toda la vida".




Dedicado a quienes algún día soñaron sinceramente con llevarme al Pont Neuf, a todas a las que yo quise llevar, a las que pasaron de largo sin besarme aquella tarde y a Beloved, que también piensa tonterías en los puentes.

Lady404. 5:21 a. m. Enlace a este post



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