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miércoles, noviembre 19, 2003

Aprovéchate, que vives en el país de las naranjas.

Cuando llega el invierno y me quedo sola en casa, exprimo naranjas en secreto. Las adoro, pero normalmente no me las puedo comer porque tengo una manía: el olor que se queda en las manos durante horas.

De pequeña aprendí a pelarlas y prepararlas con cuchillo y tenedor, pero siempre acabo tocándo un gajo sin querer y me obsesiono con el dedo del delito de tal manera que no puedo disfrutarla. A veces aprovecho en la cena y le llevo dos naranjas a mi padre, siempre es el mismo ritual: él pela una como si fuera para sí mismo, como si no se diera cuenta de que se la voy a robar. La abre, la separa en gajos y entonces le quito el plato y le doy otra naranaja entera. Él se hace el sorprendido y finge tratar de recuperar la que está preparada, y yo me voy corriendo a la otra punta del sofá y me la como riendo con un tenedor, mientras él refunfuña que soy una maniática y pela la segunda naranja. Nos encanta ese juego.

Cuando reunimos suficientes puntos verdes de Caja Madrid, de entre todas las cosas que había en el catálogo pedí a mi madre que trajera el exprimidor. Mi madre se negaba porque sabía que yo no exprimiría ni una sola naranja si tenía que tocarla, pero al final accedió. De vez en cuando, sigue diciéndome que fue estúpido porque no uso el exprimidor jamás.

Nadie sabe que cuando me quedo sola en casa, saco dos guantes de latex que tengo escondidos y exprimo naranjas en secreto, para poder entregarme a uno de mis más anhelados deseos: sentir el frío de la pulpa, partir una naranja por la mitad, beber su zumo recién exprimido y que las manos me huelan a jabón.

Lady404. 4:36 p. m. Enlace a este post



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