¿Te aviso cuando escriba?

¿Cómo funciona? 

jueves, octubre 30, 2003

Adevertencia: la entrada que viene a continuación es ñoña, sentimentaloide y con una moralina implícita que induce a sentir vergüenza ajena, en el caso del lector, y propia en mi caso. Si sigues adelante es bajo tu responsabilidad. Luego no me graznes mamonadas.

Cuando los cuentos son de verdad

Mi madre tiene en su despacho un mueble en el que guarda "las cosas que traía el mar". Cuando a su padre, un Capitán de la Guardia Civil, le destinaron a controlar el contrabando que entraba por las costas próximas a Gibraltar, toda la familia tuvo que mudarse a un cuartel situado en una playa desierta. No había agua corriente, ni escuela, ni casas, ni persona alguna aparte de los militares. Todo lo que tenía mi madre era su playa desolada y un mar inmenso, igual que un náufrago.

Era la pequeña de cinco hermanos que ya no estaban en edad de jugar con ella, ya habían perdido la capacidad de imaginar y para jugar allí se requería muchísima imaginación: en la playa no había muñecas ni cacharritos, solamente piedras y balas del cuartel. Balas pequeñas, que hacían las veces de persona, balas medianas para las cosas de las personas y balas grandes para construir vallas y fuertes. ¡Y cuántas cosas les ocurrían a las balas cada tarde!

Pero lo más divertido de la playa, además de un barco abandonado que en su día había pertenecido a los pescadores de atún, eran los temporales. El mar se volvía loco, rugía como un león y las olas se levantaban varios metros y rompían estrepitosamente en la orilla, la espuma saltaba por todas partes. Era un verdadero espectáculo y aunque parezca mentira, lo mejor de todo era cuando el paisaje volvía a la calma, porque muchas veces después de un temporal el mar traía cosas.

La mañana después, mi madre corría descalza por la orilla y a veces encontraba una botella de cristal tallado, un trozo de un barco, un vidrio azul... hubo una vez que incluso un barco perdió una carga entera de latas enormes de fruta confitada, y las familias de los militares las recogieron de la orilla entre risas y tuvieron postre de lujo durante varios meses. El problema era que el salitre había picado el metal y de vez en cuando algunas latas estallaban, y las paredes de la cocina aparecían llenas de frutas confitadas.

Mi abuela, por su parte, estaba horrorizada por que sus hijas estaban creciendo en estado casi salvaje, así que estableció un horario estricto de clases que el hermano mayor debía impartir a los demás. Usaban periódicos a modo de libro de texto y cada día, antes de dejarles salir a jugar a la playa, mi abuela supevisaba que todos los deberes esuvieran hechos. Gracias a que fue tan rígida en ese aspecto, cuando a mi abuelo lo ascendieron a Comandante y fue destinado a Algeciras y sus hijas las náufragas acudieron, algunas por primera vez, a una escuela, eran las alumnas más aventajadas. A mi madre le fascinó el colegio. ¡Niñas, libros, profesores de verdad! Aquello era casi tan emocionante como los temporales de la playa.

Ahora mi madre tiene un mueble en su despacho con las cosas que traía el mar. Justo encima del mueble, colgado en la pared hay un papel sepia enmarcado que dice "Licenciada en Ciencias. Sección Matemáticas". Es profesora en un Instituto donde casi todos los años a su clase llegan alumnos de países lejanos, otros náufragos rescatados que tampoco han ido antes a una escuela.


botella que trajo el mar



Lady404. 9:00 p. m. Enlace a este post



BLOGGER . MAYSTAR .