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viernes, abril 04, 2003

Imagino que en la primera entrada de un blog se suele ser contar algo sobre una misma y justificar por qué ha decidido escribir sus intimidades en público. Lo primero sería perder el tiempo porque estoy en un estado de transición y las cosas me están cambiando tan rápido que parecen dejar estela, así que mañana tendría que corregirlo explicando que ya no soy la misma persona. Por otro lado, justificar lo que hago nunca se me ha dado demasiado bien, así que voy a hacer lo que realmente me apetece: soltar una parrafada sobre mi ex, acabamos de hablar por teléfono y me ha vuelto a dejar hecha polvo. Objetivos para mañana: no llamarla, no pensarla, no admitirla en el msn. Y mi parrafada empieza...

Hoy es el día en el que me he dado cuenta: no puedo estar enamorada de ella, porque nunca la he conocido. Yo ya no soy esa persona que la conoció, ni ella es igual que entonces. Pero me he hablado tantas veces de ella, y me he contado lo increíble que era sin economizar palabras que la he convertido en mía. Pero ella ya no existe. Ahora otras dos personas nos han reemplazado, han usurpado nuestros cuerpos y nuestras almas... y estas dos intrusas que viven en nosotras no están enamoradas la una de la otra, como lo estuvimos nosotras un día. ¿O quizás fueron dos? Probablemente nos amamos tres o cuatro instantes y el resto del tiempo simplemente nos quisimos. Nos quisimos la una al lado de la otra. Y fue suficiente.

Una tiende a pensar que es triste que ya no existamos, a veces me despisto y nos echo de menos. Y es que ya nunca podré conocerla más que a través de historias de otra, de los recuerdos que apunté cuando yo era otra. Sin embargo, también así tengo la certeza de que jamás nos mentimos: nos susurramos mil veces que nos querríamos por el resto de nuestra vida, y ha sido así. Ninguna de las dos podrá ya enamorarse de otra persona, porque ya no existimos. Nos hemos muerto, y también eso lo hicimos juntas. Nos mataron el miedo, la distancia, el tiempo esperando, los planes que no se podían hacer, la angustia de no tenernos. No nos dimos cuenta, reíamos y decíamos que estábamos tan enamoradas que juntas podríamos contra cualquier cosa, y suavemente nos moríamos en cada beso. No nos suicidamos por amor, como los románticos clásicos, no... eso nos habría resultado ridículo. Nosotras nos suicidamos en amor.

Pero el amor no muere, dicen los poetas. Así que imagino que cuando nosotras desaparecimos y cedimos nuestros cuerpos y mentes a estas dos usrpadoras, nuestro amor se quedó flotando por ahí. Yo espero encontrarlo un día, a la vuelta de una esquina. Lo malo es que el amor es como los juegos del hilo que se enreda en los dedos para hacer figuras: hacen falta dos personas. Así que espero que si, por casualidad, encuentro otra vez a nuestro amor flotando y lo dispongo entre mis dedos, alguien se acerque para cogerlo y hacer una figura en sus manos. Y... por qué no, podría ser la que vive en su cuerpo y su alma ahora. Quizás podríamos enamorarnos la una de la otra, como lo estuvieron nuestras antiguas nosotras. (He oido decir que les brillaban los ojos cada vez que se tocaban las manos mientras jugaban, y que nadie hizo jamás unas figuras tan lindas como las suyas )


Lady404. 5:09 a. m. Enlace a este post



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